jueves, 23 de marzo de 2017

LA FILOSOFÍA PARA NIÑOS COMO PROPUESTA A UNA EDUCACIÓN FRAGMENTADA




MSc.Maria Alejandra Vega 
Correo:clitiaalethia@gmail.com


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Un niño de 4 años y un adulto están apoyados en la baranda de una piscina mirando su imagen reflejada en el agua. Entonces el niño pregunta:
Niño:-¿Con qué ojos me ves, con los de arriba o con los que están en el agua?
(El adulto no entiende la pregunta y pide una explicación)
Niño: “Lo que te digo es si tú me ves a mí en el agua o con los ojos del agua me ves a mí que estoy afuera”
Adulto: ¿Y tú cómo me ves a mí?
Niño: -Yo te veo en el agua con los ojos de afuera.
Santiago (2006,6)


Este niño desde una interrogante plantea uno de los problemas iniciales del conocimiento, descrito por Barbera, “nadie ha podido, ni puede mirar para afuera, siempre hemos mirado para adentro”, es que el ser humano, necesita conocer, la vida se convierte en una interrogante constante. De esta manera, la búsqueda de la verdad no es un trabajo, es una necesidad vital, no se puede ser neutro ante el mundo que les rodea (Barbera, 2013,6).

Este preguntarse por qué las cosas son como son la hemos perdido los adultos, aceptando las cosas más enigmáticas de la vida como parte de la cotidianidad, muchos ni siquiera han vivido la experiencia de asombrarse o de buscar los significados de su experiencia, convirtiéndose en ejemplos de aceptación pasiva de los niños que aceptan esos modelos como patrones de conducta. En este orden, cabe preguntarnos cómo la escuela aborda estas interrogantes que permiten fortalecer el verdadero sentido de vida de la infancia.

Es que los niños están en constante contemplación de su mundo, siempre quieren saber el propósito de todo, el origen de las cosas y los misterios presentes en cada una de las interrogantes. Tienen una necesidad de comprensión de la totalidad, por eso intentan buscar respuestas totales, es ese sentido de asombro, de maravilla ante la realidad hace que los niños se pregunten “no solamente sobre sí mismos sino sobre el mundo, ¿de dónde vino el mundo? ¿cómo llegó a ser como es? ¿hasta qué punto somos responsables de él?, y si no lo somos ¿quién lo es?” (Lipman, p 90).

Esta disertación es un ejercicio de problematización que he estado realizando como docente,  antes de incursionar en lo que ha sido la filosofía vengo de otras disciplinas relacionadas con el lenguaje, con la cultura. Es que a medida que va pasando el tiempo uno se va dando cuenta que el discurso del lenguaje fragmentado por la ciencia nos va alejando de la totalidad cuando uno va aplicando la práctica de filosofar, está en una constante problematización de la realidad, va ampliando la óptica, además nos hace autoreflexionar sobre las prácticas pedagógicas que uno ha venido realizando y cómo se ha abordado el  pensamiento de ls estudiantes a lo largo de la  experiencia en l salones de clases.

Primeramente, hablaré de la importancia del recorrido que hace un docente en búsqueda de su pensamiento, se cuestiina sobre donde han quedado las preguntas que constantemente nos vemos alcanzados por la razón humana, interrogantes “que no se pueden rechazar por proceder de ella misma (son cotidianas, por así decirlo) pero a las que no puede responder, porque sobrepasan toda sus facultades, porque son extraordinarias”(Kant). Es que la filosofía no nace de un impulso espontáneo, sino es una interrupción de lo cotidiano, en el que se nos imponen cosasque nos llevan a detenernos,a problematizar.

Para la filosofía, ese afán de saber parte de una admiración, un paso previo al conocimiento que mantiene al ser humano en un extrañamiento primero de la “perplejidad” y hace que el asombro, tomé un carácter de arjé para sostener la actividad filosófica. En referencia al asombro, Platón expresó: “Eso que llamamos admiración es muy característico del filosofo. Este y no otro, efectivamente es el origen de la filosofía” (Teeteto, 155d)
Dentro de ese encontrarse, y como resultado de la racionalidad, el ser humano necesita “hacerse” y “realizarse”, tanto en lo personal como en lo social, y esto lo logra desde la educación, por eso es fundamental, un estudiante como sujeto y agente, en el que más que acumular contenidos aprenda a pensar por sí mismo. Pensar en el docente desde laautoreflexión, nos lleva al modo de cómo ha procurado dirigir su razón, ante esto, Descartes (2006) expresa desde su experiencia “mi propósito, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo de exponer como por mí mismo he procurado conducir la mía” (p 41).  Este ejercicio del intelecto no requiere de capacidades extraordinarias sino de una práctica ardua, en este caso en Descartes “para pensar es preciso ser” y por eso es importante hallar en sí mismo la certeza de  nuestra razón

El docente debe retomar un método en el que se aprenda en comunidad, un espacio en el que se recobren los sentidos del aprender de sí mismo y de la realidad. Dentro de esta disertación, se retoma el método mayéutico o dialéctico, como un camino racional, en el que la habilidad de las interrogaciones cultivadas por el maestro, hace encontrar en el estudiante lo que ellos mismos tienen en el espíritu, dándolos a la luz de su propio conocimiento, tal como lo expresa Platón (2002)

“Yo soy nada más un luchador por la sabiduría, y ya me suele la gente echar en cara que no hago sino preguntar, sin descubrir nada sabio, porque me dicen que no sé nada. Los que conmigo hablan, al pronto parece que no saben nada; pero en la conversación dan a luz cosas sorprendentes, gracias a un arte la mayéutica en la que yo y algún dios tenemos parte.”
Desde el preguntar bien, se descubre la verdad que está dormida en la mente de cada estudiante y seaproxima a la razón que existe por sí misma. Es una guía parallevar el pensamiento, tal como lo expresa Sócrates,es el emerger a la luz la verdad que se produce en la razón humana, “Yo no sé nada y soy estéril y te estoy sirviendo de partera – le dice a Teeteto- y por eso hago también encantamientos hasta para que des a luz tu idea” (Platón 2003). En comparación con esa partera, el docente debe hacer conciencia de su papel como acompañante en el filosofar de sus estudiantes, hacer de la práctica educativa un constante estímulo para que el “asombro, la curiosidad, el cuestionamiento, la búsqueda de sentido, la reflexión, la creación de conceptos” sean los pilares de su quehacer educativo.

Repensarnos, conducir nuestros pensamientos, el docente debe reflexionar sobre la manera cómo conduce su pensamiento, la manera cómo forma su razón, por eso el docente debe buscar las herramientas necesarias para hacerlo una práctica, y una de estas es el diálogo interno constante, el problematizarnos de lo que nos ocurre y debe comunicarse a los niños en los espacios educativos y que a través del quehacer filosófico permita relacionar todas las disciplinas.

Cabe preguntarnos, si somosreproductores de un modelo de educación bancaria, en el que él se ahoga el pensamiento del estudiante o estamos conscientes de la importancia de hacer emerger el Ser presente en cada uno, ante esto nos preguntamos, ¿cuál es el método que la escuela ha perdido?, ¿cómo estamos educando?,¿qué es estar completamente educado?,  y ¿cómo la filosofía es un aporte en este camino?

La filosofía para niños como aporte a una educación fragmentada

Ciertamente, la escuela es un espacio que ha estado en constante crisis, como reproductora de una visión industrial ha logrado que el ser humano vaya perdiendo esa capacidad de detenerse a lo que sucede en el mundo, a preguntarse, a interrumpir eso que lo ocurre a diario que simplemente es esa rutina que lo aborda, tal como lo expresa (Rubiano, 2013)

“En la cotidianidad de la escuela son muy pocos los contenidos a en que se abordan, además, se deja arrinconada la vida real y concreta que el estudiante lleva a cuesta en su hogar, su comunidad y su propia escuela. Se transmiten los “conocimientos” como un cúmulo de fórmulas vacías que la escuela pretende imponer mediante una educación verbalista y libresca” (p, 150)
Uno de los grandes problemas de la educación es la falta de unidad en la experiencia educativa infantil, los niños sentados en sus pupitres, inundados por una gran cantidad de información  irrelevante y desconectada de su vida. Están frente a una serie de presentaciones especializadas sin conexión, esa parcelación del día escolar refleja la fragmentación de la experiencia, ya sea en la escuela o fuera de ella, que caracteriza la vida moderna.

Las disciplinas se aíslan, perdiendo la pista a sus relaciones con la totalidad del conocimiento humano, la constante imitación a las áreas técnicas ha dejado a un lado los aspectos filosóficos que una vez las integraron, como la ética, la lógica, la estética y la epistemología porque considerarlos  polémicos en muchos casos, es imposible resolver mientras las disciplinas sigan viéndose como un conjunto de materias que hay que aprender en lugar de lenguajes en el que los alumnos deben aprender a pensar.

Pr estas razones, uno de los metds planteados es el de la Filosofía para niños, cm una idea de repensar ese curriculum fragmentado y comenzar a comprender qué significa pensar en una disciplina. Es el ejercicio de sacar a la luz todas las habilidades de razonamiento de las asignaturas, y así convertir el aula en un “espacio para razonar, investigar, autoevaluarse, hasta convertirse en una comunidad, en la que los maestros fomenten la reflexión y se impliquen en ella (21). Precisamente, una de las propuestas desde la filosofía para niños es convertir las aulas de clases en comunidades de investigación, fomentar la práctica de convertirla en “una comunidad reflexiva que piense en las disciplinas que existen sobre el mundo y en el pensamiento sobre el mundo”.  (Lipman,1992 ).

Es fundamental potenciar las actitudes filosóficas espontáneas en los niños para que se desarrollen, no se trata de introducir algo extraño, sino de acompañarlos en el emerger de algo que ellos generan, “Los niños necesitan ver el docente como estímulo para sus propios pensamientos y curiosidad, y no como alguien cuya tarea es revelar los secretos y misterios” (Sharp  y Splitter, 1996).

Por eso es fundamental que el docente crea en las capacidades reflexivas que tiene el estudiante, para así darle la posibilidad de desarrollarla. Desde la propuesta sostenida por Lipman (1992) la educación es atravesada por una determinada perspectiva filosófica que propone que “participen en una actividad dialógica, que filosofen, que puedan plantear de un modo filosófico sus propios problemas”

Desde  la filosofía para niños los niños piensan con inducciones y deducciones mucho antes de que empiecen a utilizar el lenguaje, nos preguntamos ¿cuándo empieza el niño a razonar filosóficamente? La actividad filosófica implica el razonamiento, no todo el que razona está involucrado en la actividad filosófica, por eso desde este método los niños empiezan a preguntar ¿por qué? Desde ahí es que los niños quieran saber constantemente lo que queremos decir, cuando utilizamos este término o aquel otro: le interesa no sólo las palabras en sí misma, sino las creencias que empapan esas palabras.

Otro aspecto, es el desarrollo de la dimensión ética en el aula, un planteamiento filosófico de la ética es aquel que insiste en el método de la investigación ética más que en las reglas morales específicas de un grupo concreto de adultos, razonen lógicamente sobre cuestiones a las que se puede aplicar la lógica sea de gran ayuda para la solución de problemas humanos.

Una de las formas de descubrir el significado son las conexiones. Si se puede ayudar al niño a descubrir las relaciones entre las partes y el todo que se da en su experiencia, se le puede ayudar a encontrarle el significado de las experiencias asiladas. Otra manera es el desarrollo del hábito de tener la posibilidad de que la negación de que lo que está diciendo sea cierta, la negación de jugar es no jugar. Los niños que trabajan estas nociones empiezan a darse cuenta de que cuando se ponen en orden los pensamientos y sus negaciones, empiezan a exhibir un modelo de alternativas.

Otro aspecto para abordar el significado en el aula, es el descubrir las incoherencias, cuando nos damos cuenta de que hemos estado pensado de una manera negligente, nos puede hacer gracia o nos puede avergonzar, pero  no se debería animar a los niños a ser incoherentes en sus razonamientos, como tampoco se les anima a sumar y restar de forma incorrecta. Para estos ejercicios, se propone la lógica porque nos da las reglas que debemos seguir si queremos pensar bien, una de estas es la coherencia, recalcando la importancia de ser coherentes al pensar, hablar y actuar. El pensamiento lógico sólo puede estimular por medio de la actividad creatividad y a la inversa, que la creatividad puede ser explorada con el desarrollo de la capacidad lógica.

Si el día escolar, estuviera lleno de relaciones parte-td significativas y si los profesores en su enseñanza prestaran una atención especial que guardan los fragmentos del conocimiento con el contexto más amplio de la experiencia de un niño, los  niños entre los dos y los siete años continuarían fortaleciendo su habilidad en el manejo de relaciones parte-todo en vez de disminuir por la obsesión por los detalles que conduce a la carencia de la organización global

La aplicación de la filosofía en el aula debe hacerse sin prejuicios sobre la curiosidad y la disponibilidad para la discusión sobre los procesos cosmológicos, éticos, epistemológicos y otros temas. Por eso, es fundamental que los docentes repiensen el orden de las materiales y las disciplinas según la secuenciación racional de las etapas de los niños, es así como la filosofía “forma un ángulo recto con las otras disciplinas, como la trama y la urdimbre, se entregan para producir un tejido sin costuras”.

La filosofía en el aula se debe ver como un contrapeso a la superespecialización pasarle el peso a los docentes que no han recibido una formación adecuada para plantear las preguntas más generales ni para ver las continuidades entre las disciplinas. Si permitiéramos que la filosofía para niños sirviera de paradigma educativo, es demostrando que la adquisición de habilidades y el desarrollo conceptual podrían darse juntos.

Referencias

Descartes, R. (2006). Discurso del Método. Meditaciones Metafísicas. Madrid: Editorial Espasa Caspe, S.A.
Lipman, M; Sharp, A y Oscanyan, F. (1992). Filosofía en el aula. Madrid: Ediciones de la Torre
Platón (2002). Diálogos. Madrid: Gredos
Platón. (2003). Teeteto. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva, S.L.
Santiago, G. (2006). Filosofía con los más pequeños. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas

Sharp, A y Splitter, L. (1996). La otra educación. Buenos Aires: Manantial

EDUCANDO CONTRA LA MARGINALIDAD.









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Erick Páez

MANDARRIAZOS DE CONCIENCIA PARA DERRIBAR RANCHOS MENTALES.

            Debo comenzar diciendo que es, principalmente, a partir del trabajo del            Dr. Manuel Barroso, quien realizó estudios de filosofía en Burgos, España, una maestría en Educación y otra en Psicología Clínica en la Universidad de Loyola, que analizaremos algunos aspectos de carácter filosófico, sociológico y psicológico que tienen que ver con la interesante relación entre educación y marginalidad existente en nuestro país.
            Antes de elucidar la relación entre educación y marginalidad es pertinente volver sobre este primer concepto que tan cotidianamente “vivenciamos” los docentes en nuestro quehacer diario, para revisar si realmente somos cónsonos con su significado. La palabra “Educar” lleva la raíz latina “ducere” (educare- educere); esta, a su vez, viene de una raíz indoeuropea *deuk- que significa guiar, con lo que educar sería "guiar o conducir" en el conocimiento.   “Educación” se desprende de “educare” que quiere decir: desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. Nótese la profundidad y al tiempo la grandeza que nos evoca el concepto sólo al contemplarlo desde su etimología.
Luego tenemos conceptos de educación que a lo largo de la historia han venido brindando algunos autores (mariasdlp.blogspot.com) como por ejemplo Piaget cuando dice que educar “es forjar individuos, capaces de una autonomía intelectual y moral  y que respeten esa autonomía del prójimo, en virtud precisamente de la regla de la reciprocidad”, o Willmann: “La educación es el influjo previsor, directriz y formativo de los hombres maduros sobre el desarrollo de la juventud, con miras a hacerla participar de los bienes que sirven de fundamento a la sociedad”; finalmente haré referencia a uno de los más profundos en su simplicidad y que más me gusta, el de Platón en La República: “La buena educación es la que da al cuerpo y al alma toda la belleza, toda la perfección de que son capaces”.
Como ya podemos inferir (y sin ánimos de sonar clasista o excluyente), esto de educar, de enseñar, no es cualquier cosa ni para cualquier persona pues constituye una gran responsabilidad con el presente y el futuro de los pueblos; la educación, según mi humilde opinión, es el cimiento de la civilización, es la base sobre la que el individuo irá construyendo paulatinamente el edificio de su propia plenitud y por consiguiente la posibilidad de habitar en sólidas urbes de felicidad compartida. Lamentablemente, muchos no hemos entendido esto o simplemente no lo compartimos y nos conformamos con brindar una educación improvisada, mal hecha, endeble y vulnerable a los avatares del tiempo, de los cambios y de las ideologías, nos conformamos con una educación sin columnas sólidas y metafóricamente construida de forma precaria sobre cuatro palos torcidos, y por eso terminamos con una sociedad llena de individuos “mal educados” y que lejos de poseer estables construcciones intelectuales, conceptuales y morales, terminamos con un país lleno de gente con “ranchos mentales”; terminamos, con un montón de venezolanos que lo que tienen, y me disculpan la expresión, es “un rancho en la cabeza”. Y ¿Cuál es la causa y al mismo tiempo el resultado más fehaciente de todo este proceso de mala educación, de construcción del “rancho mental” y de desidia educativa? Pues yo estoy convencido de que la respuesta no es otra que la marginalidad. Vivimos en una Venezuela en la que cada día nos acostumbramos más a la marginalidad, una sociedad que poco a poco se acomoda más a estándares marginales.
 Es aquí en donde entra a ser más que pertinente, necesario, ahondar en el concepto de “marginalidad”, pues a nadie le gusta que le llamen marginal y mucho menos sin haberle explicado la razón. La real academia de la lengua española define la palabra “Marginal” como lo que está al margen; cuando se trata de una persona o de un grupo, dice: Que vive o actúa, de modo voluntario o forzoso, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas. En este contexto, tal vez muchos de nosotros nos sentimos muy lejanos de ese calificativo tan ofensivo pues nos consideramos fieles cumplidores de la ley y de los parámetros sociales establecidos; sin embargo, Manuel Barroso en su libro “Autoestima del venezolano” (2011) nos brinda un concepto de marginalidad bastante más profundo y que no se agota “necesariamente en lo socio-económico sino en la marginalidad más aberrante que es la de haber perdido la conciencia de sí, vivir en su no-experiencia, sin definición de sí mismo”. Podemos ver entonces, desde esta concepción, que no se es marginal sólo por no conducirse con propiedad en sociedad sino además cuando no nos conducimos con propiedad con nosotros mismos, cuando nuestra conducta se aleja de lo que verdaderamente somos y actuamos, no solo al margen, sino en contra de nuestros propios roles.
Sigue explicando Barroso (ibíd.”: “La marginalidad… es ese ubicarse con una filosofía de vida ajena a sí, distante del otro, encerrada, sin ventilación. Son los razonamientos, el modelo de análisis y de solución de problemas sin importar detalles, ni costos, improvisando soluciones, negociando y firmando lo que se sabe nadie va a poder cumplir, es el no valorar y no darle sentido a las personas. Con un venezolano ausente de sí –a todos los niveles sociales- , ajeno a su experiencia de vida, instalado en el poder, como forma de sentirse bien, difícilmente podemos pensar en otro país diferente al que hemos hecho”; tal como podemos ver entonces, la marginalidad no se refiere a una condición económica ( hay ricos marginales y pobres también), no se refiere a una clase social (pues hay obreros marginales y señoras de la alta sociedad también), ni tampoco se refiere al nivel intelectual (pues es cierto que hay gente ignorante que es marginal, pero profesores de filosofía también los hay). En fin, podemos asumir entonces, desde la explicación de Barroso que la marginalidad no es otra cosa que cuando dejamos de ser todo aquello que podemos y debemos ser y hacer, y empezamos por alejarnos de nosotros mismos y luego del otro. Un país corrupto es un país marginal, un país donde se mata por un par de zapatos es un país marginal, un país donde se enseña a los niños que ser honesto es ser “pendejo” es un país marginal, un país donde los docentes tienen que abandonar sus horas de clase para hacer colas por comida es un país marginal, un país donde se gasta más plata en ron que en libros es un país marginal. Señoras y señores, con todo el dolor del mundo y desde la perspectiva de barroso, les afirmo: vivimos en un país marginal.
Ahora bien, luego de abrir los ojos a esta dura realidad salta a nosotros la pregunta: ¿Y no hay nada que podamos hacer? ¿Estamos inexorablemente condenados a vivir en la marginalidad? Afortunadamente, no; hay todavía una luz al final de túnel, una tabla de salvación, una posibilidad real de vencer la marginalidad y no es otra que la educación, educar contra la marginalidad. Es por eso que me presento hoy ante uds, con el fin de compartir lo que yo considero tres pasos trascendentales que podríamos dar para empezar a transformar el sistema educativo actual en una verdadera educación “tumbarranchos”:

PASO 1: REEDUCAR A LOS EDUCADORES.
En esta parte quisiera de antemano disculparme con mis colegas aquí presentes si hiero algunas susceptibilidades, pero considero que una de las mejores formas de crecimiento personal es la autocrítica, siempre dentro del marco del respeto por uno mismo y por los otros; seamos justos ¿cómo podríamos hacer una reflexión objetiva acerca de los necesarios cambios de paradigma en la concepción educativa si no comenzamos por una sincera revisión de nuestro rol y nuestra praxis docente? ¿Cómo señalar la existencia de una educación marginal sin antes asumir la existencia de docentes marginales? Es duro, lo sé, pero es necesario.
Y entonces, ¿qué es un educador marginal? un educador marginal es un educador que educa para la marginalidad desde la marginalidad. Y ¿cuándo educamos para y desde la marginalidad? Barroso (ibíd.) nos responde que lo hacemos cuando: “educamos para satisfacer las necesidades de un profesor exigente, o para echárnosla de vivos con uno desmotivado. Al alumno se le imparten contenidos irrelevantes, y se le obliga a memorizarlos, castigándole por no responder exactamente como el otro quiere…La cotidianidad de nuestra educación se caracteriza por el descontacto, la ignorancia, la desmotivación y la prepotencia, quedando en todos un mal sabor de la experiencia educativa”. ¿Cuántos de nosotros no hemos tenido la experiencia amarga e inolvidable de un profesor o una maestra que lejos de ayudarnos en el proceso de enseñanza-aprendizaje se convirtieron en nuestra piedra de tranca para lograr nuestros objetivos o alcanzar nuestras competencias? Maestras que nos ponían tareas interminables que después no corregían, maestros que nos discriminaban por nuestra apariencia, nuestra voz y hasta nuestro olor; profesoras que nos desmotivaban con frases como: “Ud. Jamás será nadie en la vida”, profesores que nos prohibían expresamente acercarnos a ellos o que sin importar cuántas veces levantáramos desesperadamente las manos para participar, nos ignoraban; como ven, la lista de ejemplos podría ser muy larga.
Paulo Freire, un hombre grande en educación, en su famosa obra “Pedagogía del oprimido” (1988) describe algunas realidades propias de una concepción educativa completamente errada y que encajan perfectamente con lo que venimos describiendo, es decir, una educación para la marginalidad en la que:
“-   El educador es quien piensa, el sujeto del proceso, los educandos   
     son los objetos pensados.
-    El educador es quien habla, los educandos escuchan.
-       El educador es quien disciplina, los educandos los disciplinados.
-       El educador es quien escoge el contenido programático, los educandos a quienes jamás se escucha, se acomodan a él.”
¿Ahora ven por qué les hablo de “reeducar” a los educadores? Es imposible salir de la marginalidad desde la educación si no reinventamos la manera de educar, creo que el primer paso es “reeducarnos” y dejar a un lado en primer lugar nosotros nuestros niveles de marginalidad particular para empezar a fungir desde la grandeza de nuestra labor. Se trata de que le empecemos a enseñar al estudiante que tiene una dignidad inviolable, que tiene valor y potencialidad; es motivarlos, como dice Barroso (ibíd.), a “que cada venezolano diseñe su proyecto de vida como persona, sabiendo que su destino no es permanecer en la pobreza, en la ignorancia ni el hambre. Cada uno es responsable de salir de toda esa manera de pensar y de vivir… La pobreza es una actitud ante la vida, un comportamiento instalado en el marginal para justificar su propia desvalorización. Es la más cruel de las coartadas”.
Apreciados profes, colegas, es posible “desmarginalizar” a la gente, es posible “demoler el rancho” del estudiante marginal, pero el primer “rancho mental” que tenemos que destruir es el que desde hace años traemos en la cabeza cuando llegamos al aula y nos creemos superiores a nuestros alumnos, sólo porque somos profesores.

PASO 2: EDUCAR PARA EL FUTURO.

En julio del año pasado un reconocido diario lanzaba un titular que decía: “Educación venezolana afronta severa crisis” hablaba de la dotación de “canaimitas” baratas a las escuelas mientras el gobierno hacía grandes inversiones en armamento militar; yo me pregunto… ¿será que lo que realmente mantiene en crisis a la educación venezolana es la falta de tecnología de punta?. ¿Qué pasaría si a cada estudiante de primaria se le dotara de una Tablet Galaxy Tab S 10.5, 4G?, ¡solucionada la crisis de la educación venezolana! No lo creo. Yo también pienso que atravesamos una severa crisis a nivel educativo en nuestro país, pero que no la solucionaremos con tablets, con infraestructuras de primer mundo, con petróleo, con dólares, ni siquiera atiborrando de comida a las escuelas pues todas esas son soluciones a problemas de forma y no del problema de fondo: “el rancho”.
Educar para el futuro es brindarle al estudiante herramientas que le permitan en primer lugar reconocerse como una persona digna, merecedora de un futuro que le corresponde por justicia pero que debe granjearse por sí mismo a fuerza de trabajo duro y honesto, y en segundo lugar que existe una relación de co-responsabilidad entre él y la comunidad a la cual debe responder con sentido de agradecimiento y compromiso. Educar para el futuro, en palabras de Barroso (ibíd), “…es formar, crear una persona nueva, con una visión para la vida, para ser útil a la sociedad”; en una educación de cara al futuro, “se le crean al alumno modelos y se le proporciona una tutoría efectiva con las perspectivas de desarrollo que afectan, por igual, al educando, al educador, a la familia y a la comunidad. La educación es el único camino garantizado para el desarrollo”.
No podemos seguir enseñando para el presente, para salir del paso, materia vista-hora cobrada, clase a clase aleccionando estudiantes con contenidos vacíos e irrelevantes que no lo conectan con su realidad ni con sus necesidades, pero lo mantienen en el asiento para justificar nuestro salario del día. Nuestro rol como docentes es fundamental al momento de construir la educación del futuro; tenemos la responsabilidad y la oportunidad de brindarle herramientas a nuestros muchachos que les permitan la construcción de un mañana, sólido como un inmenso y hermoso castillo donde pueden ser felices o endeble como un espantoso rancho donde están destinados a la miseria y a la tristeza. Dice Barroso (ibíd): “El maestro es el instrumento, el representante, para despertar la curiosidad creativa, cultivar la autoestima y orientar al alumno hacia la sociedad” eso, estimados colegas, es educar para el futuro.

PASO 3: EDUCAR PARA LA TRANSFORMACIÓN.
Finalmente, llegamos al tercer paso para el logro de una educación que contribuya con la demolición de nuestros llamados “ranchos mentales”, y quisiera comenzar a exponerles esta tercera propuesta con una pequeña anécdota: Hace aproximadamente 30 años, yo era apenas un muchacho que estudiaba primer año en el liceo “Batalla de Carabobo” en tocuyito, actual municipio Libertador, era un niño como muchos otros de este país, lleno de miedos, de complejos y de inseguridad, ya había empezado sin saberlo (con la ayuda de algunos adultos) la construcción de mi propio “ranchito mental”; y tuve la dicha de conocer a un personaje que sin yo saberlo transformaría mi vida para siempre con su ejemplo, se trata de mi profesor de educación artística: Taol Bichachi.
 Taol era un tipo flaquito, blanco y con cabello crespo, unos grandes ojos verdes que siempre se la pasaba muy alegre y que fumaba más que un marihuanero con deudas, era un gran artista plástico y era común verlo llegar a la clase con la ropa toda manchada de pintura porque estaba haciendo un mural en los pasillos del liceo. Recuerdo que al entrar al aula nos pedía que nos quitáramos los zapatos para estar más cómodos y que nos despeináramos “para activar las ideas”, dictaba su clase con inmensa pasión y siempre estaba muy contento, nos enseñaba con paciencia y dedicación, nos decía que soñáramos qué queríamos ser cuando fuéramos grandes y nos aseguraba que si trabajábamos con amor y honestidad no habría nada que no pudiéramos hacer realidad; fue entonces, inspirado por la fuerza interior de aquel hombrecillo, que por primera vez pasó por mi cabeza la idea de ser docente y ocurrió el milagro, la transformación; de ser un niño perdido con medio rancho en mi cabeza yo pasé a ser un niño con los planos de un edificio en su mente, un niño con un sueño…
De nada sirve que comencemos este proceso de cambio de mentalidad, de modificación del paradigma educativo, si al final no logramos una transformación profunda en todos los actores del proceso enseñanza-aprendizaje, un cambio de fondo en los docentes, en los estudiantes, en la familia y en la sociedad. Lo sé, suena como una romántica utopía, pero ¿acaso no parecían utopías los más grandes logros de la humanidad? Yo vivo convencido de que no sólo es posible, sino que es necesario educar para la transformación cultural de este país. Y ¿en qué consiste la transformación cultural? Barroso (ibíd.) lo describe así:                                “La transformación cultural consiste en introducir una información más completa, con mapas de solidaridad más definidos y con una conciencia clara de quiénes somos y cuál ha de ser nuestra participación como miembros de una comunidad dinámica… nuevas interrelaciones entre recursos y alternativas, nueva información en los sistemas, nuevas creencias y valores, normas y actitudes que son las que hacen un paradigma distinto”.
Respetados colegas, estimadísimos estudiantes, asistentes en general aquí reunidos, su presencia aquí en este día no es otra cosa que el reflejo de su inconformidad con una sociedad sin sentido que ha perdido el rumbo hacia sí misma, están aquí buscando respuestas a sus más profundas e inquietantes incógnitas, están aquí porque se resisten a vivir con un rancho (obligado o autoimpuesto) que ya les pesa en sus cabezas porque simplemente no es propio de su dignidad de personas y de venezolanos; yo vengo a proponerles hoy una respuesta y esa respuesta es el cambio, la transformación de nuestra cultura, como lo diría Barroso (ibíd.) “si logramos esta transformación cultural a nivel de personas, de organizaciones y de comunidades, habremos cambiado el curso del país, habremos llevado a cabo la revolución más grande de todas las revoluciones: el desarrollo del hombre en la comunidad…
Antes de finalizar quisiera aclarar que, aunque hoy era necesario generalizar, estoy consciente de la ardua labor que muchos de uds. aquí presentes vienen desempeñando para alcanzar la “desmarginalización” de nuestra sociedad. Sigamos luchando! Sigamos trabajando! Que cada día en las aulas se convierta en un mandarriazo contra los propios ranchos mentales y luego ayudemos a nuestro prójimo a derrumbar los suyos; estoy seguro de que en algún tiempo estaremos viviendo en una Venezuela plena de urbes de felicidad personal y compartida, cimentada en las sólidas bases de la tolerancia, la comunión, la libertad, el amor y el progreso.











BIBLIOGRAFÍA
-       Barroso, M. “Autoestima del venezolano, Edit. Galac, S.A. Caracas, Venezuela, 2011.

-       Freire,P. “Pedagogía del oprimido”,Edit. Tierra Nueva, Montevideo,Uruguay, 1988.



-       http://mariasdlp.blogspot.com/2010/11/definicion-de-educacion-por-diferentes_24.html

ETICA DOCENTE: DEL ASOMBRO AL HABITO



MSc. Virgilio León
Correo: marilinjose@gmail.com



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         Al iniciar estas reflexiones lo primero en mencionar  es que ante la situación de la educación en nuestro país es necesario afirmar la urgencia de la  ética docente.   

         Ahora bien, dejemos que la realidad cotidiana diga su palabra sobre la ética. En un liceo público de Valencia se oye una  música a todo volumen, como en los buses que prestan el servicio en la UC y camioneticas, los estudiantes, azules y beige están en una cancha, bailando la música que sus profesores le han puesto o le han dejado poner, ellas, las alumnas entre 13 años y 18 años, están distribuida en toda la cancha con su pareja de baile, están  en posición de carretilla, es decir con las manos en el piso y sus glúteos  frotándolo en los genitales de los varones que se mueven sensualmente al compás de la música la actividad dura desde las 8am hasta la 4 de la tarde.

Otra palabra de la realidad sobre la ética, una mamá explica porque  manda a su hijo al liceo es por la falta de comida; eran como las 9am estoy en la oficina de control de estudio del liceo Manuel Vicente Romero García ubicado en Valencia edo. Carabobo, se presenta una mujer entre 30 y 40 años viene con un muchacho de camisa azul, imagino que es por la materia pendiente. Informo a la Sra. De la ausencia de su hijo a las evaluaciones que se han presentado, ella dice que desde finales del mes noviembre no envía a su hijo al colegio porque no tiene dinero para el pasaje y tampoco para darle comida, que ella prefiere que se les desmaye en su casa por hambre y poder socorrerlo y no en el liceo o la calle, miro sus ojos, llenos de lágrimas, que reflejan impotencia.

Ciertamente, el valor moral se vive a la luz de estos hechos. Incluso, se podría valorar los actos humanos implicados en cada situación descrita. Es decir, en el campo de la ética, el bien o mal implicado en el baile de los alumnos, o el bien o mal implicado  en la decisión de los docentes al permitir esa actividad en concreto. De igual manera el bien o el mal que se destaca en la madre ante el hambre de su hijo; o el bien y el mal que se enfatiza en los gobernantes del  país que propician situaciones de muerte como estas.

Sin embargo, lo que se quiere afirmar es que la ética docente no es una asignatura más, que se arregla con una nota, sino que la vivencia ética precede a reflexión y que el valor moral se vive y luego se tematiza.

 En este sentido, se hace necesario analizar la capacidad de asombro afirmado como el inicio de la filosofía, pues el asombro nos permite distanciarnos de la vivencia moral para poder tematizar el valor moral.

            En efecto, la capacidad de asombro se plantea como el inicio de la filosofía. Por ello Gaarder (1997) insiste:

¿Dije ya que lo único que necesitamos para ser buenos filósofos es la capacidad de asombro? Si no lo dije, lo digo ahora: LO ÚNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES LA CAPACIDAD DE ASOMBRO. Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. p.18

            Ahora bien, tanto Platón como Aristóteles plantean la admiración, como el inicio de la Filosofía pues el comienzo de cualquier saber es extrañarse, asombrarse, admirarse pues hace surgir la pregunta ¿porque  las cosas son como son? El que no se admira no pregunta y sin pregunta no hay respuesta y sin ello no hay saber Cfr. Ferrater Mora(2004) p. 43

            Por consiguiente, la admiración es como el heliotropismo de las plantas que buscan la luz del sol para su sustento y como el girasol lo siguen en su trayectoria; por ello también nosotros tenemos este poder de asombrarnos, maravillarnos y si se cultiva la capacidad de admiración  nos habilita para filosofar y en caso de la ética para descubrir el valor y para ello necesitamos un modelo y si este es equivocado nuestra vida se derrocha; si encuentra un buen modelo vivirá maravillado, cultivado y cultivando el asombro ante la realidad. Cfr McNabb (2012)

            De esta manera, el primer paso para la ética docente es la torsión del alma, hacer consciente el heliotropismo, nuestro poder de seguir la trayectoria del sol, como en Platón que este sol es la idea de bien, el culmen de las ideas en el Hiperuranos, de cara a nuestra vida no es otra cosa sino  recuperar la capacidad de asombro.

            Por esta razón, la capacidad de asombro que tenemos los seres humanos nos habilita, en el caso de la ética, para descubrir el valor moral. En un primer momento se busca entender que es el valor, en la  axiología el valor es lo que hace a una persona o cosa digna de aprecio, es decir el nivel axiológica supone el nivel ontológico porque el valor mira a lo interesante, a lo importante ello rompe la indiferencia del sujeto Cfr. Sanabria, J. R. (2005). p.69  y hace síntesis de lo objetivo y subjetivo.

            Ciertamente la persona es el valor moral. Pues, lo que se añade al valor con lo moral es el bien, es decir el valor moral expresa y condiciona a la persona en su realización, no quiere decir que “por una vez que maté un perro, soy el mata perros” sino que la acción libre del hombre, en campo del valor, afecta su propia estructura interna, pues la acción queda dentro del mismo hombre y por ello lo definen Cfr. Vidal M., Santidrian P. (1980) p.56
           
            En este sentido, el valor moral se vive en sus relaciones humanas en los que se realiza, humanizando o deshumanizando al hombre en sus acciones, pues moldea y configura su personalidad.

            Justamente por esto la necesidad de la educación, con ella la ética docente pues lleva a la persona del asombro al hábito.

            Desde luego, la expresión cotidiana de la ética, son las relaciones humanas por ello la actitud moral comporta como elemento necesario la tendencia dinámica hacia una perfección absoluta, es decir la realización de propio proyecto de vida, la felicidad del hombre

            En el caso de los educadores la realización del propio proyecto de vida, pasa por la realización del proyecto de vida de sus educandos, pues es su modelaje lo que despierta o adormece la capacidad de asombro. De este modo, la realización consciente de nuestras acciones, en acto educativo, lleva a congruencia entre conocer el valor, querer, amorosamente que este  valor se realice en mi existencia y mostrar este valor en mis acciones habituales.

            Como afirma  Simone N, (1993)
Educar es permitir, por medio de actos concertado, que un ser humano llegue a ser finalmente lo que es. Educar es personalizar y es humanizar. Educar es, por consiguiente, conducir a un ser consciente, libre, responsable, al mayor grado posible de lucidez y de verdad, de autonomía y de voluntad, para llenar finalmente su vida de unos bienes que  son los bienes propios de los hombres, valores ideales a través de unos actos que elijan esos bienes, que lo inscriban en la existencia de cada día p.23s

            Finalmente, mirando la ética docente, desde el educando el aprender, en ética implica conocer, querer y conducta consciente y coherente en la vida de los estudiantes pues sólo así es un  aprendizaje educativo con valores éticos, personales y sociales. Puesto que, son estos los que le confieren sentido a la vida considerada globalmente, el  amor, libertad, justicia, la solidaridad Cfr. Gastaldi, I. (1994) p.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


1.                  Gaarder J (1997) El mundo de Sofía. Ediciones Siruela. Madrid, España.
2.                  Ferrar Mora (2004), Diccionario de Filosofía, Vol III voz admiración. Editorial Ariel, Barcelona
3.                  McNabb D (2012) Canal “la fonda Filosófica”. https://www.youtube.com/watch?v=EOjyWjnxaRY
4.                  Sanabria, J. R. (2005). Ética.  México: Porrúa
5.                  Vidal M., Santidrian p. (1980)  Ética personal. Ediciones Paulinas, Madrid, España.
6.                  Gastaldi, I.1994. Educar y evangelizar en la posmodernidad.





FILOSOFÍA, DOCENCIA E INVESTIGACIÓN. IDEAS PARA COMPARTIR




Pedro Rafael Rueda Torres
Correo: prueda@uc.edu.ve



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1.        ¿Qué significa para usted la Educación Humanizadora?

Ha surgido, surge y surgirá centrada en la persona, es decir, ella es quien humanizando se humaniza y en ese proceso de hominización logra entender la trascendencia, el valor, sentido y grandeza del hecho educativo. Sin educación sustentada en la persona misma sería imposible humanizarse ni humanizar; tanto es así que los grandes teóricos de la educación, plantean que solamente en la educación y a través de su praxis es como la persona logra humanizarse, en consecuencia logra “salir de su estado salvaje” a un estado realmente pleno de humanidad, en un permanente hacerse para luego poder trascender en libertad y en la verdad.

La educación no es solamente la que va a complementar nuestro ser y nuestro hacer, sino que es el punto de apoyo para fundamentar nuestra interioridad, razón y sentido, no de forma aislada sino persona con el otro, virtud socializadora de encuentro dialógico propio de la humanización del “yo” “Tú”, del “Tú” “yo” generando un nosotros de reconocimiento teleológico, sagrado de nuestra dignidad. “Homo imago Dei”. ¿De qué le sirve al ser humano aprender mucho, saber mucho… y no ser capaz de comunicarlo y de ponerlo al servicio del bien común? Cualquier descubrimiento en la historia de la cultura universal que observemos siempre ha estado representada la humanidad en pleno, en virtud de sentido, valor y estética de significado que puede afirmarse, que el hombre en general está educando para educar, servir y amar con capacidad de asombro y vocación de  trascendencia.

Hay que asumir la propia vocación como Don, gratuidad para colocarla a disposición de los demás en la verdad; ya que es a través de ella (la verdad), como no solamente avanza la persona individualmente, sino también como colectividad. En consecuencia, lo que invierte una familia (papá, mamá, hijos…) en cada uno de sus miembros en educación, camino de perfección, es la mejor opción que ésta puede realizar, eligiendo de manera libre, consciente y responsable. El proceso de humanización no es nada reciente, es tan antiguo como el hombre, desde que él mismo tiene conciencia de su ser, en el devenir histórico más específicamente en el momento clave que interroga y se pregunta, gracias a unos deseos insaciables de conocer más allá del misterio antropológico y teleológico.

¿De qué están hechas las cosas…? mirada racional y espiritual (desde la fe) ¿Qué es el universo, el cosmos, el hombre, Dios…? Sentido de la vida, la muerte, la libertad, el lenguaje, la cultura, la ciencia, el mito. ¿Qué es la verdad?, ¿Quién soy?, ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde voy? ¿El valor del sufrimiento? ¿El tiempo físico y el tiempo metafísico? ¿Qué es la razón, su sentido de mirar más allá de donde el común de los mortales no es capaz de ver?

En virtud de ese proceso dialéctico, introspectivo, proceso compartido de hominización es donde cada persona se asume desde lo más adentro para darle fundamento a la racionalidad como uno de los “cristales” micro cósmico de observar la propia subjetividad y a través de ella la realidad toda que interpela, desde la ética del compromiso de ocuparme, preocuparme y construir en armonía con la madre naturaleza, adecuándome a sus leyes y mandatos.

El universo no tiene límites para las dos alas de la verdad: la fe y la razón, en él todo es armonía, todo se complementa. “Dios siempre nos perdona, el hombre a veces nos perdona, pero la madre naturaleza, al no observarla y respetarla tal cual es, jamás nos perdona”.

Cada individuo lo que es y posee lo exterioriza. Cuando nos asumimos desde adentro, desde “la casa del alma”, donde no hay límites nos conduce a mirar con sentido de grandeza y a trascender en humanidad, todo, gracias a la educación en valores, a la religión, a la cultura como propuesta permanente y humanizadora, entrelazada con la filosofía, con el primer lenguaje humano: el mito; la ciencia, la tecnología y la cibernética, con todo aquello que ha podido el hombre construir en sueños y realidades embelleciendo el personal y colectivo universo, hasta lograr edificar un hábitat tanto mejor donde quepamos todos con respeto y dignidad, pilares éstos de la educación humanista y deontológica.

Este mundo de experiencias, pensamientos, sueños e ideas…, nos conduce no sólo a interrogar y evaluar, el comportamiento humano, sino también la necesidad de plantearnos nuevos desafíos en el aquí y en el ahora, desde la educación y para la educación; sin separar la razón, y el corazón de la vida desde un país y una sociedad bien específica. Sólo una propuesta educativa, centrada en nuestra verdad, realidad y misterio será capaz de liberar y liberarnos, hasta humanizar aquello que aún HOY el hombre ha sido incapaz de hacer: educarse y educar desde la pedagogía de la paz (Paz – Ciencia), la libertad, la gratitud y el amor como elementos antropológicos de la educación.

2.        ¿Qué elemento cree usted que interrumpe o hace que esa educación humanizadora no se dé realmente como debería?

El caso “educar en Venezuela”, ¿Cómo formar para Venezuela?, ¿Cómo formar en Venezuela a sus ciudadanos?; ¿Cómo invertir en ese recurso más preciado, único e insustituible que tiene todo país como lo es el recurso humano? Indudablemente aquí intervienen muchas interrogantes que son propias de la filosofía de la educación, porque no basta solamente con tener escuelas, instituciones educativas, personal que administre a medias el quehacer educativo con toda una infraestructura y super estructura, también hay que preguntarse acerca del valor de la educación, la praxis educativa, ¿qué tipo de ciudadanos queremos formar para el país; desde una “racionalidad dialógica”?; ¿cuáles son los postulados ontológicos y gnoseológicos…? ¿Qué filosofía humanista, antropológica debe crearse y cómo administrarse? ¿El valor de educar, el valor de quién educa y a quién se educa? Así sucesivamente podríamos hacer un sinfín de interrogantes y quedarnos sin respuestas que guíen e iluminen la razón y el alma de la educación como acto sagrado, para la construcción del nuevo hombre, la nueva patria, la nueva sociedad, la familia que tanto necesitamos. Hay que contemplar con preguntas y sin ellas desde el silencio de asombro, la grandeza de la vida, el milagro de la vida desde el momento de su concepción y durante todo su desarrollo y crecimiento desde la educación de los afectos.

No olvidemos que el concepto de educación en nuestro contexto, se halla enjaulado, ideologizado con las cadenas de la ignorancia, del conformismo y del miedo a la libertad. Aún hoy Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Andrés Bello, Francisco de Miranda, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Arturo Uslar Pietri, Mario Briceño Iragorry, Rómulo Gallegos, Juan Bosco, Paulo Freire, Gabriela Mistral, entre muchísimos otros pensadores de la educación; paradigmas de libertad en dignidad, se hallan incomprendidos.

 Es público y notorio que los que administran y han administrado la educación, los funcionarios que han intentado pensarla y comunicarle vida, se han comportado como tecnócratas, sobrevivientes de ideologías extrasnochadas, desnaturalizadas y desactualizadas, hambriadores  y hambrientos de poder para castigar y esclavizar en la miseria humana de la ignorancia. Todo esto, obstaculiza la educación para la vida buena, para la verdad y la responsabilidad, para el servicio y la solidaridad; educación para el desarrollo integral y la paz, educación para lo bello, noble, justo, loable y trascendental del alma humana en libertad. Educación auténtica es aquella que une, se comunica, invita a pensar; es decir, se reflexiona,  acompaña, respeta y edifica, en el bien común, perfeccionando lo imperfectible sin dejar de MIRAR EL CIELO con los afectos del corazón.

La experiencia educativa comienza desde el momento que se percibe la vida como un Don, desde el primer instante que se concibe con todo respeto y asombro en el vientre de la madre. ¡Sí! Es la madre con vocación extraordinaria e insustituible en la pedagogía del amor, para nutrir con su propia sangre, su carga genética, histórica y emocional; con su exclusivo sentir, ese gran milagro de la persona, razón y fuente de la fe, la esperanza y la felicidad. Esa misma persona va luego a comunicar vida en abundancia, independiente y agradecida de la madre que le parió, sutil y frágil que jamás se desprenderá de toda la familia, de su acompañamiento y el de la sociedad; porque educar es ante todo socializar para la paz, para el autoreconocimiento y permanente autoconocimiento, como proyecto existencial que se va haciendo desde la pedagogía de la gratitud, del trabajo personal a la apertura de todo aquello que es virtud.

Hoy en Venezuela no hay mucha claridad, por lo menos yo no la percibo en lo personal, en cuanto al desempeño de las distintas instancias por parte del Estado y de la sociedad en general. Hay una gran crisis deontológica, ética y axiológica acerca de nuestra identidad. La vida parece ser que ya no es nuestro valor absoluto y el bien común ya no representa imperativo de deber, obligación y fuente de enriquecimiento donde se sustente nuestra venezolanidad, memoria de un pasado reciente aún conservado por nuestros adultos mayores, maestros de la vida buena, camino de identidad.

La gran fuente de esperanza para todas las crisis en las distintas generaciones; además de orden psicológico, afectivo, emocional, de fe y de nuestras convicciones espirituales y religiosas, es la educación. Ella jamás se halla sola, es el brazo derecho de la mamá de todas las demás ciencias, saberes y disciplinas: La filosofía, ella es quien nos invita amablemente a reconocer y a darle nombre y apellido a la crisis… Metamorfosis del mal para el bien. Crisis es siempre oportunidad, camino, cambio, futuro, es rectificar (…) volver al BIEN perdido.

¿Qué tipo de educación debemos asumir, planificar y orientar para las presentes y futuras generaciones? En este país, nuestro país, el país de la vida, las necesidades van en aumento y se multiplican. Es real la desilusión colectiva, la sobrevivencia no puede ni debe ser el pilar de la educación ni la razón de nuestros sueños. Las respuestas se hallan dentro de nosotros mismos y su aplicabilidad, están contenidas en nuestra Carta Magna o pacto social.

La educación como estilo de vida para humanizarnos y humanizar, desde la verdad de la persona y con la verdad que tenemos de ella es un compromiso de todos ya que su bondad como sumo bien, le pertenece a toda la especie humana y al cosmos. “Somos ciudadanos del infinito” (Víctor Hugo). La educación hay que entenderla y asumirla como imperativo de generación tras generación que se hace de manera permanente con el fin de perfeccionar la naturaleza humana. No sólo es un bien compartido sino también es un vivir multidisciplinario. En la medida que la persona se educa, se desarrollan sus capacidades y sus aptitudes se construyen en la armonía de los afectos, haciendo posible la edificación de un mundo personal compartido permanentemente dinámico, dialógico y holístico.

El gran objetivo general de la educación que se halla presente en las metas, objetivos específicos, desarrollo y logros: es la felicidad. Educar es formar integralmente a cada ciudadano para que sea feliz, para que sea virtuoso. Lamentablemente esto ya no lo observamos, sólo con muy pocas excepciones, nuestro país implora al cielo con verdad y justicia la pedagogía del respeto, de la aceptación, del reconocimiento, de la tolerancia, de los afectos a la vida como fuente inagotable de construcción desde y para la paz, con armonía de alma y con un solo corazón.

No hay saberes, aunque sí lo han intentado las ciencias fácticas, experimentales y algunas ideologías seudo humanistas de pretender meter al ser humano en un tubo de ensayo para descubrir cuáles son sus necesidades y dar una definición de LA PERSONA. Este intento históricamente y sociológicamente ha quedado muy corto y fracasado. Es impensable considerar al ser humano de esa manera. ¡Es imposible! Jamás podremos imaginarlo como un reducto (una fórmula), como un mero instrumento u objeto, porque si lo hacemos le negamos la verdad y su teleología: Lo irrespetamos. El ser humano no podrá jamás ser pensado y considerado como un mero producto social, porque lo desligamos de su dignidad, su verdad y misterio, tal como lo han hecho regímenes y gobiernos nazi, oligárquicos, socialistas y seudo marxistas, comunistas, militaristas, dictatoriales y capitalistas, entre otros.

La persona humana es demasiado sagrada, demasiado grande y demasiado misterio para convertirla en una mera cosa, en un artículo o pieza o como un mero problema u objeto de consumo del cual podemos deshacernos. ¡Pues no! Considero que una de las situaciones y dificultades más graves de los venezolanos, sin desligarnos de la problemática del ámbito mundial; donde no se perciben valores permanentes ni una jerarquía de los mismos; observamos, sentimos, padecemos y vivimos todos, pero todos, un proceso de deshumanización, de cosificación, relativización y de una ética y moral circunstancial y a conveniencia de parte “in fraganti” en aumento. 

Indiscutiblemente se ha convertido en lo que en el siglo XVI, en el nacimiento de la modernidad, Thomas Hobbes, ha llamado al hombre “Lobo del mismo hombre”, a eso hemos llegado, ser enemigos de nosotros mismos, en nombre de la ciencia, del progreso, de las ideologías, de las religiones, irrespetando lo transcendental y lo sagrado de la vida humana que hay en cada uno de nosotros.

3.        ¿De qué manera cree usted que podría el docente en su hacer diario comunicar una educación más humana?

Antes de llegar al acto pedagógico propiamente dicho, hay que reeducar al docente para los nuevos tiempos y nuevos desafíos. Nuestro tiempo es exigente y también lo son las generaciones emergentes, la vocación del educador es muy especial por venir de lo Alto, del Cielo; tan importante como cualquier otra vocación, la de éste es comparable con la vocación de Dios, es sublime y elevada, inmanente y transcendente, a semejanza de ser mamá o ser papá, donde el corazón guía a la razón y ésta (la razón) sin dejar de ser ella misma, obedece al amor hermoso que habita en el corazón de la vida.

 Si un educador no siente ese privilegiado llamado de servir y acompañar, de entusiasmarse con gozo para motivar con alegría, de formarse permanentemente para educar desde cada corazón como dijeran los grandes pedagogos San Juan Bosco y el mismo Paulo Freire, entre otros: Si la educación no es un acto del corazón, si no es un acto de amor hermoso, no es auténtica educación; entonces resulta y acontece que si el que educa no vibra con la música y la energía del cosmos como auténtico ser humano, más que con la palabra con el buen ejemplo, no es auténtico docente y por ende distorsiona su vocación… lástima porque da lástima y se convierte en un asalariado dador de clase.

En la crisis de patria, de venezolanidad e identidad, crisis de humanidad, nos negamos a asumirnos; no queremos esforzarnos por ser paradigmas ni de nuestra propia sombra, ni siquiera de nosotros mismos, es decir, no queremos ser plenamente humanos para humanizar. Hay un divorcio con el país de la vida (sueños, anhelos, esperanzas, con el estudio y el trabajo creador); se sobrevive en las nuevas ideologías, decadentes y distorsionadas de nuestro pasado y de nuestro presente. Un vulgar reduccionismo de la persona a lo material, económico, al relativismo ético, moral sin alma y dignidad. Asistimos a una cultura de la muerte, del descarte y de la descalificación.

En nuestro entorno geohistórico de país Suramericano, y del tercer mundo, el buen docente siempre ha sido visto con recelo y mal pagado, subversivo del orden dominante y esclavizador. Recordemos al Maestro de Maestros: Jesús de Nazaret, Sócrates, Thomas Moro, Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Paulo Freire, entre otros. Una de las más gratas compensaciones es cuando se ejercita la docencia con convicción y trascendencia al acompañar a parir en estado natural las más nobles convicciones por una vida virtuosa camino de felicidad. La existencia humana unida a la educación, es generadora de vida buena, es un acto sagrado, sublime, hermoso, el más bello que un ser humano pueda asumir como razón y fuente de libertad para transformar transformándose, humanizar humanizándose, hacer haciéndose. ¿De qué sirve tener “Patria” y no tener Moral y Luces; es decir cultura ciudadana? Razón y fuente de construir aquello desde una postura interior de nuestro ser persona, soñando y MIRANDO AL CIELO.

¿Y por qué mirando al cielo?

Toda persona es digna por ser sagrada, imagen de Dios, somos instrumentos de Él. Las grandes religiones desde la antropología cultural y filosófica, coinciden en que el ser humano es “Homo imago Dei”; es decir somos imagen de Dios. Esta gran verdad hay que rescatarla y ponerla al servicio de toda la humanidad; ontológicamente somos cuerpo, pero también somos alma, si yo me veo como imagen de Dios, es decir que mi humanidad y en ella mi vocación de ser docente es algo único, elevado y extraordinario, llamado a contribuir con la sabiduría de los afectos del cielo en mi corazón, indudablemente que nuestra visión y misión, en el aquí y en el ahora cambia y lo hace para BIEN.

Mi prójimo, el otro que es parte de mí, mis hermanos que circunstancialmente son hasta mis hijos o mis hijas, es decir, son parte de mi humanidad, son necesarios para humanizarme y humanizarles. Es con el otro que descubro al Dios trinidad: familia, comprometidos a caminar juntos por el país de la vida. Desde esta perspectiva, no solamente hacen falta buenos educadores de valores elevados, capaces de razonar, oír, hablar, cultivadores de silencio, sino también docentes decentes con vocación de trascendencia, dispuestos a dejar huellas de eternidad decididos a sembrar y cultivar miradas de afecto, de fe y esperanza, palabras sabias y orientadoras desde el conocimiento organizado, dado como herencia humana fruto de las experiencias virtuosas de nuestros antepasados, pilares de eternidad.

Cada reflexión pedagógica debe generar un compromiso compartido y multidisciplinario donde la ética, puerta de toda virtud, aprecie en su justo equilibrio la vida y el tiempo, tesoros éstos que se prolongan de generación tras generación en el perfeccionamiento de nuestra personal y compartida humanidad como misterio y como palabra.

Hoy asistimos al dilema que es propio de la mayoría de los docentes en no querer involucrarse ni comprometerse, como líderes, en el darse así mismo, además de dar clases. Hay que cambiar la condición de asalariado y de sobreviviente por la del respeto y la dignidad; sabiéndose que es el único ser maravilloso que merece toda nuestra consideración por ser capaz de aportar semillas de luz a ejemplo de la luciérnaga, quien comunica verdad, sabiduría, recogimiento interior, misterio sublime y luminoso de Dios. La vocación no solo es llamada sino también es servicio.

Reinventarse una nueva plataforma humanista, ética, moral, espiritual y afectiva que rescate y actualice lo maravilloso de la vida humana, que se piensa en grande en medio de tantas dificultades, ha de ser uno de los muchos retos y desafíos del ser docente hoy. Un educador jamás puede “arrugar” como se dice en términos criollos, no debe acobardarse ante las dificultades del día a día, no trabajamos solos, se trabaja con Dios Trino: Modelo de Comunidad. La naturaleza del docente le viene de lo Alto, es un líder de esperanza, un soñador que pisa tierra para transformar aquello que el común de los mortales ve como intransformable, su vida es una propuesta a seguir y a superar; sueños, fe y esperanzas se anidan en su gran corazón, donde se dan cita los milagros de la vida gracias a la fuerza del amor.

Y, ¿cuáles son esos milagros? Significa que a través de la educación con sus propias manos, sus ojos, oídos, su cerebro y corazón el maestro puede ayudar a trasformar, transformándose desde la personal experiencia libre de los afectos. Sin este recurso, sin este valioso e insustituible aporte la comunidad retrocedería, volviéndose aún más inhumana, indolente e insolidaria. Ese retroceso de la sociedad actual indudablemente, también nos “chispea” nos toca, moja nuestra sensibilidad y convicciones. ¿Cuántas personas no han podido continuar en la educación formal, en una educación impregnada de valores para la vida buena, cambiando lo que es virtud, verdad, honestidad, bondad, trascendencia, humanidad (…),  por sufrimiento, caos, corrupción y muerte?

Las conductas virtuosas y estimadas como buenas o malas repercuten en nuestro entorno. La indiferencia colectiva es fuente de cultivo de vicios, fracasos, violencia y descomposición. Soy convencido que el educador debe permanentemente autoevaluarse con humildad socrática y cristiana. Ya basta de seguirle el juego a “la cultura de la muerte” (Karol Wojtyla: Juan Pablo II), a “la cultura del descarte” (Papa Francisco). Todos estamos llamados a reconocernos en el diálogo respetuoso el humanismo de la dignidad. ¡Qué maravilla cuando el que asume el rol vocacional de líder docente decente, se especializa en valores para orientar y acompañar sueños, lenguaje interior, secretos y misterios propios de la vida como gozo! Cuando se armoniza la razón y el corazón, propuesta clave para trabajarse y trabajar con una visión alegre y libre como anticipo de la eternidad, indudablemente se pueden bajar las delicias del cielo y compartirse con alma generosa.

4.        Me pregunto: ¿Realmente nosotros desde aquí, desde nuestras amadas casas de estudios, estamos formando para promover esa educación que humaniza, o qué elementos le harían falta para completar e integrar a un país que se nos va de las manos?

La formación humanista sí se da, pero de manera mezquina, son pocos los docentes que además de enseñar contenidos, comunican elementos para la vida buena, son escasos quienes transmiten enriquecedoras experiencias, vivencias entusiastas y gratitud por la vida y por todos aquellos quienes la hacen posible: Maestros, padres, familiares y amigos, en fin, la comunidad de dialogantes y tantas otras personas que han hecho posible lo que somos hoy. Nos corresponde cultivar la pedagogía de la gratitud, del buen hablar y del saber oír, ya que estas son asignaturas ausentes en el pensum de la vida cotidiana.

Cuando un mortal como nosotros se desliga de los afectos humanos y Divinos vive desorientado y desorienta. Nadie da lo que no tiene, en consecuencia se deshumaniza. La satisfacción de enseñar, de educar, se da cuando tú la vives. No sólo comunicamos conocimientos, cultura, valores, estilos de vida; todo esto hay que hacerlo agradable y amablemente, abiertos a ofrecer lo que somos y tenemos: amigos de la verdad y de la dignidad; estamos llamados también a comunicar vida buena en abundancia. Oportuno recordar a San Juan Bosco: “El que no vive para servir y amar, no sirve para amar y vivir”.

El docente jamás debe tener miedo que sus discípulos, sus amigos, las personas que la vida, y Dios le dio para servirles y ayudarlas, le superen. Considero que la máxima satisfacción que puede sentir la madre y el padre es que sus hijos les superen y lo hagan no sólo en la parte académica, sino básicamente en la razón de vida, que sean mucho más felices que ellos mismos, que sean personas de bien; esa convicción vocacional hace falta en nuestras casas de familia, hogares y casas de estudio, desde el preescolar hasta la universidad, todos son centros de educación llamados a iluminar, a comunicar luz e irradiarla entre tantas tinieblas en las que se debate nuestra amada y sufrida Patria. Luces para vencer las oscuridades de los nuevos tiempos.  Con palabras de nuestro Libertador Simón Bolívar: “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, esto debemos internalizarlo y vivirlo.

5.        Usted dice que es importante una revisión del docente y que se evalúe ¿Cuál es su papel, su vocación?.. Ahora, en base a eso, ¿Qué elementos debe tener esa formación docente, que según su pensar, debería recibir un futuro educador, el deber ser?

El deber ser es pensarse todos los días con gratitud y teleológicamente acerca de su sentido y el puesto que ocupa en el mundo. Lamentablemente tenemos un país que vive entre grandes dificultades y por ende con muchos esfuerzos y poseedores de una educación que sólo sobrevive; educación  carente de sentido, significado y razón para trascender, desplazada por aspectos ideológicos dogmáticos de marcada ausencia ética, moral y espiritual. Este, es hoy un axioma innegable. Humanismo significa reflexionarse de manera permanente con proyecto de vida específico, disciplinado y trascendente acerca de la vida como Don, gozo y virtud con una plataforma de orden interior, de autoconocimiento, sentido y gratitud, abierto a la libertad y a la creación del espíritu humano.

 El docente ha sido víctima del populismo mediático y de la cibernética, tiene muy poco tiempo para sí mismo, para educarse y educar; vive como todo venezolano, en el aquí y en el ahora, en la “cultura del bachaqueo”, para no perecer en el intento de sobrevivir, en el ¿Cuánto hay para eso? La mayoría de las buenas intenciones se pierden, los esfuerzos por una mejor calidad de vida duran muy poco, se trabaja para cumplir y mentir – cumplimiento –. No hay madurez al planificar, todo se hace a última hora, como vamos viendo vamos haciendo; el tiempo para el afecto, la convivencia, la familia, el tiempo dedicado para la ternura y la vida interior poco existe, no hay cultura para el empleo del buen ocio. Somos mezquinos en el darnos y en el dar, aceptamos nuestro subdesarrollo sin atrevernos a cambiar y corregir el “rancho mental y espiritual”, en consecuencia, esta problemática a grosso modo ha hecho metástasis a todos los niveles de la sociedad y específicamente en la educación. Tremendo compromiso e ineludible reto para los educadores y todos quienes aman a este país. Todos nos hallamos en deuda con el componente humano, su estructura óntica, gnoseológica y vocacional es corresponsabilidad de todos los miembros e instancias que integran cada comunidad.

 ¿Qué hacer? La respuesta se halla en nosotros, con nosotros y desde nosotros. Hemos tenido crisis históricas, coyunturales y las hemos superado. No yéndonos del país sino estando y viviendo en él. Reinventar la pedagogía de la amistad y la solidaridad, para tal fin, democratizar la educación. La filosofía de la educación proporciona incentivos y elementos a corto y largo plazo. El autoconocimiento es una asignatura permanente que nos acompaña y no nos abandonará, sino hasta la hora de irnos de este mundo. Quiera Dios permitirnos en dejar mejor de cómo hemos encontrado el cosmos y todo el planeta.

El docente debe asumir que ésta es una de las carreras que exige permanente actualización: Estudiar, leer, autoformarse con respeto y disciplina. Llamar al mal, mal y al bien, bien, honrarnos en la verdad. En el universo de las profesiones se exige constantemente actualizarse, erguir las parabólicas antenas de la cultura, de los valores elevados de la moral, la virtud y la religiosidad, fuentes de humanismo. La historia debe seguir siendo nuestra gran maestra.

No olvidar que este es un mundo en permanente cambio (Heráclito). Crece silenciosamente a una velocidad indetenible, dado por el Creador para que sea bien administrado, respetado, amado y conservado. Ya basta de seguir administrando sólo actos pedagógicos. El ser humano es demasiado sagrado, demasiado misterio para reducirlo sólo a objeto de conocimiento y de adoctrinamiento. El educador es la primera persona a involucrarse en todo acto creador, su autoestima debe brillar con luz propia y un gran sentido de humanidad. Debe comunicar fragancia del cielo, sapiencia socrática y cultura bien sólida. A este respecto, hoy los centros de educación en Venezuela están en deuda, salvo excepciones de algunos educadores con mística, convicción y vocación.

Enseñar a otros a que se descubran, a que se conozcan, a que sepan lo grande y maravilloso de la vida en comunidad; y, lo que encierra el milagro de ella; así como el milagro de la educación es una experiencia única, extraordinaria y enriquecedora que no puede medirse ni en el tiempo ni en el espacio. Siempre he considerado al docente con mucho respeto, estima y admiración, para él hay muchas metáforas y parábolas. El docente agricultor, ese ser maravilloso que sueña con sus plantas, con las semillas que siembra y luego las trasplanta; el atenderlas lo disfruta con gozo interior. No le pesa limpiarlas, regarlas, hablarles y cuidarlas, es muy feliz cuando ve un buen fruto a largo plazo en el huerto de la vida. Así debe concebirse nuestra profesión, no vemos el resultado de nuestros hijos y alumnos enseguida, pero es de gran satisfacción cuando decimos: “en ese ser maravilloso y único hay algo de mí”, Dios me permitió ser un colaborador para formarle, está dando buenos y excelentes frutos. En él hay tiempo de mi tiempo, respeto, ternura y dedicación de mis afectos, hay infinitas oraciones (lenguaje del amor) para la eternidad, sueños y anhelos compartidos aun por alcanzar.

 ¡Valió la pena!, de lo contrario, con palabras de Iván Karamasov, quien en la novela de Dostoyevski dice: “Si Dios ha muerto, todo está permitido”. Pero como Dios vive en toda su creación y, aunque aún hoy intentan matarle, sigue siendo fuente de fe, verdad y esperanza por un mundo mejor. Esa es la razón de nuestra profesión, razón necesaria de inculcar a los docentes y sobre todo mirar siempre a la vocación como llamada a servir. ¡Sí! Servir amando hasta que nos duela sin dejar de mirar ni siquiera por un sólo instante LO HERMOSO DEL CIELO. ¡PAZ Y BIEN!